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MUNDIAL

¿Cuál es la imagen de Dios que nos presenta Jesús de Nazaret?

Por Roberto Torres Collazo
Editor del Colectivo Cambio Social
21 de Mayo de 2026

Como producto de algunas antiguas enseñanzas y prédicas hay en el imaginario popular muchas imágenes sobre Dios. La imagen de un Dios castigador, Dios como especie de seguro de vida contra accidentes, un viejo con una gran barba blanca sentado en un trono en el cielo, un Dios moralista, legalista, condenatorio, controlador de eventos y desastres climáticos, el Dios de los ritos y jerarquías, el guerrero..., pero, ¿Cuál es la imagen de Dios que nos presenta Jesús en los evangelios?

Tener una imagen correcta de Dios es crucial. Porque la imagen que se tenga de Dios, nos puede llevar a pensar, sentir, actuar o hablar de Dios de manera equivocada. Por ejemplo, la imagen de un Dios castigador, es posible que no se tenga una relación con Dios de amor, sino de miedo. La imagen de un Dios guerrero con toda probabilidad justificará las guerras. La imagen de un Dios que privilegia jerarquías “sagradas” puede conducirnos a creer en la práctica que sacerdotes, pastores o reverendas están por encima de Jesús y justificar las desigualdades sociales.

En los evangelios encontramos tres imágenes de Dios que nos parecen esenciales. La primera es la relación de Jesús con Dios a quien llama en arameo Abba, o sea, Papito. Es una relación filial, amorosa, cercana, íntima. De esa relación se deduce, sin excepciones, que todos y todas somos hijos e hijas de Dios, en consecuencia, somos hermanos y hermanas. Somos iguales, no hay seres humanos superiores e inferiores. Dios es un Abba diferente al padre humano, según Mateo 7,11, “Pues si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más su Padre dará cosas buenas a los que se lo pidan!”. Es un Abba que ama a buenos y malos, “Él hace brillar su sol sobre malos y buenos y envía lluvia sobre justos y pecadores”, Mt 5,43-48.

En la segunda imagen Jesús presenta a Dios como un Rey, cuyo Reino no es de este mundo, es decir, no es un reinado de los dioses del odio, de la idolatría de las riquezas, de violencia, de poder, de privilegios. Jesús no predica un Dios a secas, sino un Reino de compasión, solidaridad, igualdad…. Un reino que ya está en medio de nosotros, Lucas 17,21, que tiene por opción por los pobres recogida en su misión y por extensión la misión de los cristianos, “El Espíritu del Señor está sobre mí. Él me ha ungido para llevar las buenas noticias a los pobres”, pobres son los socio-económicamente explotados y oprimidos Lc 4,16-22. Reino de Dios citado en el Nuevo Testamento 122 veces, 99 en los evangelios y 90 en labios de Jesús. Fue el centro de su predicación. El reino es un proyecto en construcción por seres humanos en esta vida con la mirada a su plenitud en el futuro de la historia, no sin enfrentarse primero contra los dioses de la muerte que obstaculizan su progreso.

La tercera imagen es la compasión. Sentir-con pasión los dolores y sufrimientos de los demás como propios. De acuerdo a Cabestrero, “La compasión es la emoción humana de Jesús que más abunda en los evangelios”. Basta ojear en su conjunto los evangelios para observar que están llenos de gestos, actos y palabras de compasión por parte de Jesús. No es una mera empatía ni pena, es compasión activa. Compasión que está también por encima de los ritos, normas, leyes, cultos, como muestra la clásica parábola del Buen Samaritano, Lc 10,25-37. En el cuento aparecen dos representantes de la religión oficial que ven una persona herida en el camino y siguieron de largo, sin embargo, un samaritano, que los judíos despreciaban, tuvo compasión activa, hizo lo que Dios quiere. Hay hoy millones sufriendo en el camino de la vida que esperan nuestra compasión, Lc 6,36, “Sean compasivos como es compasivo el Padre de ustedes”.

En suma, Abba, el Reino de Dios y la compasión se entrelazan en la imagen que tenía Jesús sobre Dios. Para experimentar a Dios como Padre y Madre, luchar por la utopía del Reino aquí y ahora, no en la “otra vida” y ser compasivos o compasivas necesitamos pedir las fuerzas de Jesús porque solos no podemos, “El que permanece en mí y yo en él, ese da mucho fruto, pero sin mí no pueden hacer nada” san Juan 15,5.

Referencias

Boff, L. (2023). A Amorosidade; do Deus-Abba e Jesus de nazaré. Editorial Voces: Brasil.

Cabestrero, T. (2015). Jesús; el hombre que ama como Dios. Editorial Desclée Brouwer: España.

Dri, R. (1997). La Utopía de Jesús. Editorial Biblos: Argentina.

Pérez, A. B. (2018). La Revolución de Jesús; el proyecto del reino de Dios. Editorial PPC: España.